Primero y ante todo, la puesta en escena que debe de ser lo más llamativo y atrayente de una obra teatral, en este caso dejó mucho que desear, ya que el sonido se interrumpía de vez en cuando. La idea de ir marcando las diversas etapas de la vida de Lázaro con una tela escrita es muy original, pero el telar estaba muy mal situado, porque solo lo veía una parte del patio de butacas. La dinámica y representación de la obra por parte de los actores estuvo verdaderamente bien sin ningún silencio, ni fallos y, si los hubo, estuvieron muy bien disimulados, lo que denota el gran trabajo que hay tras una representación.
